VIVIR Y DISFRUTAR

...NO MÁS ALAS ROTAS

sábado, agosto 03, 2013

A M B I V A L E N C I A S

Hay un cielo mitad gris y mitad soleado sobre la Ciudad de los Ángeles. Desfilan rostros con distintas miradas y expresiones, todo tan típico, tan poblano que se me mete en el tuétano.

Miro por el cristal polarizado de mis RayBan, recorro el zócalo de extremo a extremo en busca de algo habitual que me devuelva el aliento. Tengo un nudo en el estómago que no me deja respirar y una lágrima que apenada, asoma bajo el armazón obscuro.

Pido un ojos azules para no perder el control, el temblor de mis manos es ya bastante preocupante como para aguantar una crisis de ansiedad a causa de la cafeína.. Quiera o no, no todos los males se curan con café, aunque con tabaco -eso sí- el dolor mitiga un poco.

Me llevo la mano al corazón y siento los latidos fuertes que retumban en las paredes de mi estómago vacío. Uno se da cuenta de que el hambre es signo de sentirse vivo, empero, cuando se está en estado taciturno, adolorido y melancólico, el hambre y otros síntomas de vida desaparecen para fundirse en un eterno dolor de corazón invisible a los ojos de los demás... Pero ahí está, latente y fogoso; triste y con parches por todos lados...

Bebo un sorbo, inhalo una bocanada de anestésico tabaco y exhalo largo y profundo.
.....
Recuerdo que de pequeña, cuando me quedaba sola en casa, cerraba y abría los ojos varias veces. Tenía la esperanza de que la realidad cambiara como cuando despertaba de un sueño aterrador... Los abría y cerraba pero todo seguí igual; la penumbra del pasillo, la tele encendida y yo mirando por la ventana, contando los segundos para que en las escaleras se escucharan los tacones de mi mamá, el arrastre de los pies de mi papá. Miraba a las personas que pasaban; niños como yo que vivían realidades diferentes. Me imaginaba en su lugar, con otros padres, otras casas, otras ropas...Otras ventanas para mirar.
.....
Me duele el pecho, quizá no deba fumar otro cigarro... O tal vez sí, hasta que el dolor desaparezca.

Hoy me siento como el cielo -Pensé para mis adentros- la mitad de mí, siente esperanza; la otra mitad está al borde de la tormenta. Un grito de dolor sube por mi garganta, trato de aprisionarlo quedándome sin aliento, pero al final se desborda por mis ojos en un tibio lago salado que resbala por mi mejilla.

El ojos azules, mezclado con la sal, pierde su sabor y termina por provocarme dolor de cabeza. Tras ocho cigarros, respiro hondamente y me seco las mejillas con una servilleta. Una vez más miro los rostros... Parecen lejanos y me pregunto de qué se trataran sus vidas. Ellos allá y yo aquí, con mis dolores y cuestiones sin sentido. Nosotros y los otros, como diría Todorov.

Implosiono en silencio, mientras la chica de junto hace gesto de preocupación cuando descubre una traicionera salada asomando de nuevo, así que guardo silencio y sólo agacho la mirada. 

¿Cuantas veces he estado en ésta situación? Muchas, creo. Los parches del latiente carmín me delatan, me molestan, me avergüenzan... Pero ahí están. Es que soy humana... es de humanos errar, comentan algunos ilustrados... Sí, pero no es sencillo.


Una niña moría de sed mientras yo moría de humores socráticos. Su sed y la mía, en algún punto se reúnen. Su miseria y la mía, son tan de distinta talla, que me avergüenzo. Ella sufre en el mundo del ser, y yo, en el mundo del deber ser.

No hay más qué beber. El dolor está cubierto por el velo de la nicotina y los polvos de belleza, han logrado cubrir el lodazal de mis mejillas. Las primeras gotas de lluvia están cayendo, sin embargo hay sol. Si tú, ciudad que cría ángeles, en tu ambivalencia lloras y sonríes con lluvia y sol a la vez, a ti me abrazo y en ti me consuelo. Me demuestras que si hay lluvia, es porque hay sol... Soy sol y lluvia. Soy uno de tus ángeles perdidos... Devuélveme las alas, porque  necesito emprender el vuelo...


La cuenta, el pago, la propina. Un señor me mira desde su auto, me sonríe y se retira.
Un niño me ofrece un mazapán, y aunque lo rechazo, me agradece de corazón haberle permitido ofrecerlo.
Un par de niños juega con una bolsa de plástico.. Felices y sencillos, sin darse cuenta de que el mundo gira.
Cada quien sufre como quiere sufrir..


Hoy he sufrido a mi modo. 
Hoy me he perdonado a mi modo.


La vida es una lima, ¿No?






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"Mientras pienso en escribirlos, enciendo un cigarro... y en el cigarro saboreo la liberción de todos los pensamientos..."
FERNANDO PESSOA en voz de LILIANA FELIPE